• Carola Terreni

Los 8 Intereses Mundanos


Los ocho intereses mundanos 

En estos tiempos de incertidumbre cuando el sufrimiento causado por nuestra resistencia al cambio se hace notar, es bueno recodar esta enseñanza del Buda sobre los ocho intereses mundanos y los pensamientos y acciones que estos generan.

En las sociedades modernas existe una obsesión generalizada por lo que los budistas llaman los ocho intereses mundanos: (1) querer adquirir bienes materiales y (2) luchar por no perder los que se tienen; (3) buscar los placeres producidos por estímulos y (4) hacer todo lo posible por evitar el dolor y la incomodidad; (5) buscar la alabanza y (6) rehuir el agravio; (7) anhelar una buena reputación y (8) temer la desgracia. 

Me gusta pensar en la facultad de atención como una luz que ilumina la experiencia. Si llevo la atención a estos ocho intereses, los ilumino y puedo ver como muchas veces me veo enredada y dominada por ellos. Ese es el principio para poder dejar de contaminar el rio de nuestra mente con los pensamientos, emociones y demás que surgen de esos ocho intereses. 

Para presentarlos incluyo parte de un texto de Alan Wallace, “Creo que todos los seres humanos anhelamos la felicidad genuina, un tipo de bienestar más profundo que el placer pasajero, el entretenimiento o el estímulo intelectual.En el budismo, la fuente de este deseo profundo, lo que el gran maestro tibetano del sigloXIV, Tsongkhapa llamó nuestro anhelo eterno, se encuentra en el nivel más recóndito de nuestro propio ser: la naturaleza búdica o conciencia primordial. Esta búsqueda de la felicidad genuina choca con nuestra atracción por los placeres efímeros.

No tiene nada de malo saborear los placeres de la vida; los placeres que experimentamos al estar con los seres queridos y los amigos, al probar alimentos deliciosos o gozar de un clima maravilloso se despiertan por los estímulos que nos llegan a través de los cinco sentidos físicos. También experimentamos placeres que no requieren de ningún impulso sensorial, como cuando pensamos en un recuerdo agradable. Pero en cuanto el estimulo es retirado, el placer desaparece. 

La felicidad genuina, en cambio, no depende de los estímulos. Aristóteles llamó a tal felicidad eudaimonia y la equiparó con el bien humano, con la mente que trabaja de conformidad con la virtud, particularmente con la mejor y más completa de las virtudes. 

Por su parte, San Agustín, el gran filosofo y teólogo cristiano del siglo V, llamo a la felicidad genuina una alegría derivada de la verdad, es decir, la sensación de bienestar que surge de la naturaleza misma de la verdad. En el budismo se entiende que esta no es una verdad que aprendemos ni tampoco es una verdad fuera de nosotros. Es la verdad que nosotros somos, es nuestra naturaleza más profunda. 

Nos esforzamos por conseguir lo mundano, las cosas buenas de la vida, no solo porque nos dan placer, sino porque son símbolos de lo que realmente queremos. No hay nada intrínsecamente malo en esos estímulos agradables, pero aunque lleguemos a tener todo eso, nos seguiremos sintiendo insatisfechos. 

Entonces, ¿qué es lo que realmente anhelamos? El Buda explicó que nuestro deseo más profundo de felicidad genuina no consiste en adaptarnos con éxito a las circunstancias externas, sino en algo que surge desde dentro, algo que no está sujeto a los efectos de la buena fortuna o la adversidad. Por lo tanto, en la practica budista, en la búsqueda de la felicidad genuina cultivamos lo que a veces es llamado renuncia, aunque el termino que yo prefiero es el de espíritu de emergencia, que es mi traducción de las palabras tibetanas nen yung. La experiencia de este espíritu de emergencia consiste en parte en reconocer que la felicidad genuina no se encuentra en los meros estímulos placenteros, sino en eliminar las causas interiores del sufrimiento y la insatisfacción. Con esta motivación uno busca librarse definitivamente, de una vez para siempre, de las verdaderas causas del sufrimiento y conocer la dicha innata de la conciencia que no está entintada por las aflicciones de la mente.” Wallace (2005). 

Hace un tiempo que trato de contemplar como los ocho intereses mundanos van en contra de la felicidad genuina ya que al ocuparnos de ellos no nos queda tiempo de cultivar esta ultima. 

Dzigar Kongtrül Rinpoche dice que vivir con estos pensamientos es como estar completamente disociados. Pema Chodron comenta al respecto, “Podemos pensar que estamos comprometidos con un camino espiritual, pero tristemente estamos igualmente comprometidos con las ocho preocupaciones mundanas, con apegarnos a lo que nos resulta cómodo y rechazar lo que no.” Vivir bellamente, (p. 85).

Estar enredados en estos ocho tiene un sabor a miedo ancestral ya que tememos el cambio de circunstancias que afecten: 

Nuestras posesiones materiales.

Lo que nos queda cómodo y es placentero.

La alabanza de los demás.

La buena reputación. 

Tal vez sentimos que si las cosas cambian y sufrimos perdida, incomodidad, agravio y desgracia entraríamos en un terreno incierto, vulnerable y sumamente peligroso. Será por eso tratamos de evitarlo con garras y dientes y a veces hasta estamos dispuestos a romper los compromisos éticos los cuales son la fundación de la felicidad auténtica con tal de no sufrir.  Incluso si estamos comprometidos con un camino espiritual, mientras que estos ocho estén presentes, nuestro compromiso con el camino será́ parcial y superficial, estaremos como disociados, partidos al medio. 

Pema Chodron comenta sobre que sucede si en cambio nos integramos, “Sin esa personalidad disociada, sin embargo, nuestro compromiso con el despertar se convierte en un compromiso sin reservas. Para eso tenemos que dejar de vernos cegados por las ocho preocupaciones mundanas y permanecer presentes con el desasosiego subyacente.”(p. 85).

El desasosiego es el miedo que sentimos cuando nos damos cuenta que las cosas cambian momento a momento y que no tenemos control sobre este cambio. Este miedo es ancestral y para poder trascenderlo precisamos ser verdaderamente bondadosos y compasivos y sabios. ¿Cómo? Dándonos el espacio diario para estudiar estos temas, contemplarlos y meditar. Ese es un acto de profundo amor hacia nosotros mismos y un acto de amor a los demás. Solo así́ podremos permitirnos estar con ese desasosiego, podremos permitirnos dejar de luchar, controlar y manipular, podremos permitirnos estar relajados en medio de lo que ancestralmente tenemos codificado como peligro de muerte. Esto es como saltar a un abismo. No sabremos si podremos volar hasta que nos permitamos soltar. 

Durante la meditación es donde hacemos esta practica momento a momento. Aprendemos a soltar y a regresar con lucidez al presente tal cual es, sin apego ni rechazo. 

Estamos apegados a las posesiones, a lo que es placentero y cómodo, a ser alabados y a la buena reputación. Rechazamos el opuesto de cada uno de estos. Así́ vivimos tironeados por el aferramiento y el rechazo, sumergidos en ignorancia total de las verdaderas causas de la felicidad que tanto anhelamos. 

En esa situación estamos. Muertos de miedo del sufrimiento no hacemos mas que perpetuarlo. Al no permitirnos experimentar la vulnerabilidad y la incertidumbre nos perdemos de poder entrar en el corazón del sufrimiento. Buda dijo: hay sufrimiento, conócelo. Si huimos y luchamos nunca lo vamos a conocer, no conoceremos sus causas y no podremos atravesarlo. 

Sentada en el jardín, en este día de transición entre el invierno y la primavera, donde los brotes comienzan a mostrar su color verde claro, me digo a mi misma: si me apego a la primavera y deseo que llegue y lucho por que no se acabe, en esa lucha, me perderé́ el fin del invierno con su frio y quietud, me perderé  el comienzo del verano con su calor intenso y su plenitud, me perderé́ el otoño con sus vientos y sus colores. En cambio, me digo a mi misma, si puedo permanecer con lo que duele, con lo que me da miedo, con la incertidumbre del cambio, tal vez entonces pueda conocer el gozo innato de la consciencia que esta aquí́ en este momento y que podré notar si suelto todas las distracciones pasajeras, si suelto todas las luchas, si presto atención y permanezco profundamente relajada :-) 

Carola Terreni 

Referencias: Wallace, B. Alan. Felicidad Genuina, la meditación como camino a la realización. 

Chodron, Pema. Vivir Bellamente, en la incertidumbre y el cambio. 

“Creo que todos los seres humanos anhelamos la felicidad genuina, un tipo de bienestar más profundo que el placer pasajero, el entretenimiento o el estimulo intelectual. En el budismo, la fuente de este deseo profundo, lo que el gran maestro tibetano del siglo XIV, Tsongkhapa llamó nuestro anhelo eterno, se encuentra en el nivel más recóndito de nuestro propio ser: la naturaleza búdica o conciencia primordial. Esta búsqueda de la felicidad genuina choca con nuestra atracción por los placeres efímeros. 

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